Una investigación liderada por la Dra. Paula Pimentel del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF) busca “escuchar” la conversación molecular que permite a las plantas frutales del género Prunus (como durazneros y ciruelos) adaptarse a la falta de oxígeno en sus raíces, un fenómeno conocido como hipoxia.
¿Cómo se comunican las dos partes de la planta?
Imaginemos que la planta tiene un sistema de mensajería molecular. La raíz (el portainjerto), al sentir la asfixia por la falta de oxígeno, envía mensajes de alerta a la variedad (la copa). Estos mensajes no son palabras, sino moléculas que viajan a través de la savia, incluyendo instrucciones genéticas, hormonas que regulan el crecimiento y la respuesta al estrés y reservas de energía, que son clave para enfrentar la crisis energética generada por la hipoxia.
El objetivo principal de esta investigación es evaluar el papel de estas señales móviles de larga distancia para determinar el desempeño fisiológico de combinaciones de portainjerto/vástago contrastantes ante el estrés por hipoxia.