La Milpa y los policultivos: La sabiduría ancestral que potencia los cultivos en un contexto de cambio climático

El investigador principal del laboratorio de Fisiología del Estrés del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), Dr. Pablo Cornejo, fue parte de dos artículos científicos que desarrollan la idea de utilizar una técnica ancestral para mejorar los cultivos con el uso de inoculantes específicos. 

El calentamiento global y la sequía en la zona central de Chile nos obligan a buscar soluciones urgentes para el campo. Curiosamente, las respuestas más efectivas no provienen de insumos químicos costosos, sino de combinar la sabiduría de nuestros pueblos originarios con la ciencia moderna.

Las publicaciones “Evaluating maize-legume-cucurbit intercropping for enhancing drought resilent smallholder agricultural systems of Central Chile” y Design and Testing of Microbial Synthetic Communities (SynComs) for Potential Use in Maize, Legume and Cucurbit Oriented to Improve Intercropping Under Drought Conditions” resumen el trabajo continuo sobre estas tecnicas. 

¿Qué es la Milpa?

La Milpa, es un modelo agrícola ancestral originario de Mesoamérica que cultiva en un mismo espacio tres alimentos clave: maíz, poroto y zapallo. Lejos de competir entre sí, estas plantas trabajan en perfecta sincronía. El maíz crece alto y firme para servir como tutor natural a los porotos que trepan por su tallo. A su vez, el poroto fija el nitrógeno del aire directamente en la tierra, alimentando de manera natural a sus compañeras. Abajo, el zapallo despliega sus hojas anchas y tupidas como un techo vivo que protege la tierra del sol directo, evitando la evaporación del agua y frenando el crecimiento de malezas.

Según explica el científico, “La milpa es un agroecosistema que no sólo consiste en cultivar tres especies juntas, sino que busca la complementariedad de sus funciones, vale decir, busca hacer un uso más eficiente de los recursos del suelo y el ambiente para producir”.

El maíz ocupa el estrato superior y puede servir de soporte al poroto, el que por su parte aporta nitrógeno mediante fijación biológica con bacterias en sus raíces, mientras que el zapallo cubre el suelo, limita el crecimiento de malezas y ayuda a conservar la humedad. Sus raíces también exploran distintos sectores del suelo. “Por ello es un ejemplo emblemático de asociación, donde las especies utilizan de manera complementaria la luz, el agua y los nutrientes”, recalca el Dr. Cornejo. 

¿Por qué los policultivos mejoran y protegen la Tierra?

Cuando sembramos una sola especie en grandes extensiones, el suelo se agota rápidamente y sufre mucho más ante la escasez de agua. Al asociar cultivos, las raíces de diferentes plantas liberan diversos nutrientes que estimulan la vida bajo tierra, volviendo al suelo más fértil sin recurrir a fertilizantes sintéticos. Además, la cobertura que generan las hojas del zapallo ayuda a conservar la humedad por mucho más tiempo, convirtiendo a la tierra en una esponja capaz de resistir períodos prolongados sin riego. Esta integración permite aprovechar el terreno de forma tan eficiente que genera un rendimiento global significativamente mayor en comparación con los monocultivos.

Su eficiencia, sin embargo, depende de las variedades, la densidad de siembra, el clima y las características de cada territorio, por eso que estos estudios resultan relevantes al contexto de la agricultura chilena, las especies utilizadas, los sistemas de preparación de suelo, riego, y la disponibilidad de recursos microbianos que puedan favorecer este sistema asociativo”, dice el experto. 

El superpoder invisible: Aliados microbianos

El beneficio de la Milpa se potencia sustancialmente cuando sumamos comunidades microbianas al suelo, compuestas por hongos y bacterias benéficas. Estos diminutos habitantes de la tierra se adhieren a las raíces y funcionan como una extensión natural de la planta. Su presencia les permite absorber agua y nutrientes desde zonas profundas donde las raíces normalmente no llegan, garantizando que los cultivos se mantengan fuertes, sanos y productivos incluso en medio de condiciones extremas de sequía.

“El principal valor científico consiste en transformar un conocimiento que se ha ido acumulando durante generaciones en evidencia cuantificable, determinando cómo funciona, bajo qué condiciones y con qué limitaciones”, ahonda el Dr. Cornejo agregando que “No se trata de idealizar lo ancestral ni de rechazar los insumos químicos, que han contribuido de forma importante a la productividad agrícola. Validarlas técnicamente permite conservar su lógica ecológica, optimizar su manejo y combinarlas racionalmente con herramientas modernas, reduciendo la dependencia de insumos externos al tiempo que se generan nuevas alternativas productivas con evidencia contrastada”.

Una solución al alcance del pequeño agricultor

Rescatar el sistema de la Milpa e integrar microorganismos benéficos representa una estrategia accesible, ecológica y de muy bajo costo para la agricultura familiar. Este enfoque nos demuestra que el futuro del campo no requiere reinventar la rueda, sino observar la naturaleza y reconectar con la sabiduría ancestral para cultivar alimentos sanos y adaptados al clima actual.

“El desempeño depende del clima, el suelo, la disponibilidad de agua, las variedades y el manejo de cada territorio. Es en ese sentido donde instituciones como CEAF pueden estudiar desde su experiencia propia, por ejemplo cuantificando los efectos sobre la fotosíntesis, el estado hídrico, la nutrición, las raíces y los microorganismos del suelo, traduciendo los resultados en recomendaciones concretas y adaptadas al territorio”, concluye el investigador principal del laboratorio de Fisiología del Estrés agregando que “el desafío es convertir el conocimiento científico en protocolos sencillos, adaptables y económicamente viables, de forma que sirvan de herramienta real a nuestros agricultores”.